Tu tan solo sonríes y gritas “¡Sorpresa!, por fin nos vemos frente a frente… otra vez” y me abrazas. Entre lágrimas de alegría te devuelvo el abrazo y ahí estuvimos abrazados dos… diez… quince minutos que fueron una eternidad y tan solo un segundo.
No podía creerlo… en verdad estabas aquí junto a mí, era hora de cumplir mi promesa; llevarte a conocer la ciudad… solos tu y yo.
Al manejar por la ciudad sabiendo que ibas conmigo… sentía la camioneta desaparecer y tan solo nosotros volar. En un abrir y cerrar de ojos estábamos en el Museo de Historia de México… entramos y comenzamos a ver todo aquello que hizo de México un gran país… y al llegar al área de flora y fauna, en el centro del globo terráqueo bajo el vidrio… nos detenemos, me miras profundamente a los ojos y lentamente te acercas… más y más hasta que… nuestros labios se unieron en un indescriptible beso que al terminar dejo tras el un sabor a dulce miel.
Tras salir del museo te llevé a los botes en el lago artificial. Pedaleamos hasta estar en la parte donde en el techo se abre un hoyo para ver una fuente danzar a más de ocho metros de altura. Esta estaba apagada… y al pasar… se enciende. En medio de una graciosa confusión huimos del agua y entre risas nos miramos los dos empapados, tan solo unos momentos. Salimos para sentarnos en la plaza de junto en el pasto, bajo un árbol verde y frondoso para ver a la gente pasar… el tiempo, era lo de menos.
Tras habernos secado con la brisa del medio día, trazamos nuestro siguiente destino… el parque ecológico Chipinque. Llegamos en poco tiempo y nos sentamos para admirar el bellísimo paisaje; los árboles, el cerro, la ciudad abajo y las nubes que estaban a la misma altura. Era tiempo de divertirnos como nunca hemos podido hacerlo y en los juegos de madrea que hay ahí, pasamos el tiempo. Nos columpiamos, jugamos en los pasamanos y montamos el sube-y-baja. Verte reír y actuar como una niña pequeña junto a mí era quizá lo mejor que me pudo haber pasado. El tiempo ahí paso rápido y la noche comenzaba a abrazar el cielo azul y estando aya arriba vimos el punto donde culminaríamos ese día… el monte del obispado donde yace orgullosa la bandera de México. En la camioneta pongo un disco sin nombre alguno y esa canción aparece “Richie Kotzen – My Angel” seguida por “Cold Play – Yellow” y antes de bajarnos estaba la canción “Volovan – Monitor”.
Por fin estábamos ahí, te tomo de la mano y en la poca luz de la tarde caminamos hasta llegar al centro donde esta la bandera. Hablamos de nosotros, nuestras experiencias y por donde nos había llevado la vida hasta ese día. Por fin encendieron las luces de la bandera… te tomo de las dos manos nos miramos con esa mirada que solo he podido ver en ti… nos acercamos para culminar el día en un beso.. cinco centímetros, tres centímetros, un centímetro… cuando:
- ¡Levántate flojo holgazán! – Escucho a mi madre gritar.
De un susto me levanto… y todavía puedo sentir aquél abrazo… y con unas ganas inmensas de regresar a ese sueño intento dormir… una y otra vez para encontrarme tan solo con una decepción… no poder volver a ese maravilloso pero tan corto sueño. Para no olvidarlo lo escribo y lo guardo… en ese documento donde escribo todo sueño que merezca ser recordado pero ninguno tan real ni tan grandioso como el sueño que hoy he tenido la gracia de haber vivido.
Solo quiero recalcar aquella frase que dije: "Si soñando es la única forma de estar contigo… ¿¡Por qué no estoy durmiendo ya!?"
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1 comment:
por no habia firmado aqui??? esta muy bueno...muy chido Emin ultrapinguin
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