Ya me decidí a terminar esta historia, aunque me tarde un poco, por la falta de tiempo, pero la voy a terminar... esta junto con la de terror que haré con la ayuda de la mente makiavelica del Dracko a ver que resulta... por lo pronto esta es la primera parte de Perdido en Alta Mar sbz
Perdido en Alta Mar
1- De regreso a Santa Cruz
Nos habían informado que zarparíamos el sábado diecinueve de Octubre a Santa Cruz en una semana aproximadamente. Ya habíamos permanecido en tierra firme por siete meses seguidos, sin ninguna aventura en alta mar. Nosotros con gran entusiasmo aplaudíamos el hecho de que regresaríamos al mar y eso lo teníamos que celebrar. No obstante teníamos que esperar el día de paga, para hacer lo que todo buen marinero suele hacer cuando trae dinero, ir al cine, salir con la novia o ir a la taberna donde armábamos una bronca de ves en cuando.
Yo hacía ya cinco meses que conocí a mi novia, se llamaba Miriam y la conocí en una de las muchas reuniones a las que asistía ahí en La Perla, Perú… y también por medio de la novia de otro compañero del buque. En fin… el martes quince de Octubre, en la noche salimos Diego Herrera, Ramón Gonzáles y Mario Israel a la taberna “Barba Negra” un nombre poco original, pero servían buenas bebidas ahí. Después de cinco jarras y catorce caballitos, nos agarramos a bailar con las amigas de siempre, que siempre estaban ahí en la taberna. Ramón ya estaba un poco pasado de copas cuando un brasileño le pregunta que si podía bailar con su amiga, cuando Ramón, que tenía la botella en la mano, se la revienta en la cabeza armando una bronca que sin presumir fue de las mejores peleas de ese mes pues hubo sillas rotas en las cabezas, botellas volando, patrullas y un corredera de gente.
El jueves diecisiete salí con mi novia y mis amigos al cine, fuimos a ver “el tifón” una película que fue recomendada por el tuerto Dan, un marinero experimentado, viejo y con tantas agallas que sobrevivió a la deriva por cuatro días sin comida ni agua. Como a las diez de la noche salimos del cine y comentábamos sobre la película. Mario decía que estaba muy buena la película que se imaginaba ser el capitán del barco de la película. Ramón iba ocupado contemplando y coqueteando con su “amig-ovia” (como le quieran llamar “amiga obvia” o “amiga-novia”). Y no tardó en preguntar Diego “¿Qué tal si nos pasara algo así?” no se si no le pusimos atención por que era una pregunta innecesaria o por que de verdad no lo escuchamos, pero aún así seguimos caminando por el malecón. Cada quién partió por su lado, yo me quede con mi novia en un tronco que tenía la vista hacia el mar. Ahí solos en la penumbra, con la fría brisa de la noche y el débil ronroneo de las olas, nos miramos mutuamente, ella me dio un beso que parecía que me iba a perder (quizá fue ahí cuando comencé a sospechar de lo que pasaría). Al terminar ella me abrazo y en un susurro escuche:
- ¿volverás?
- Volveré por ti pequeña.
- No me gusta que andes partiendo a otros lugares, quizá se mejor que te asientes aquí… conmigo.
- No te preocupes amor, regresaré… será mi ultima partida.
- Yo te esperaré aquí…
Viernes por la noche y ya estábamos de vuelta en la taberna, solo nosotros cuatro, con las amigas de siempre. Quizá el que guiaba la banda supo que al siguiente día partiríamos, por lo que esa noche tocaron un poco de música, típica de Costa Rica y las amigas lloraban por nuestra partida. Tomamos, bailamos toda la noche hasta que amaneció, cuando ya acordamos, ya era hora de estar alistados en el S.S. Elizabeth, un barco Destructor, que cuenta el rumor, se llama así por que el mar le arranco de la vida del capitán, a su esposa Elizabeth.
Antes de subir al barco veía a Ramón diciéndole a su novia que este sería su ultimo viaje (No le dijo la realidad, que era que tenía un poco de miedo a que nos pasara algo como en la película) Todos estábamos ya en la popa del barco despidiendo a nuestros seres queridos, viéndolos desaparecer en el horizonte, mientras nosotros nos alejábamos del puerto de La Perla, Perú y nos dirigíamos mar adentro en un viaje de tres días hacia el puerto “Santa Cruz” en Costa Rica.
Continúa:
2- Nuestras ultimas horas en el barco.
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